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Toni Bolaño y una imagen de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España, Elma Saiz
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Carta oberta a la ministra Elma Saiz

"En Hacienda el tiempo es oro, en la Seguridad Social el tiempo es un tema insustancial. Se toman su tiempo sin importar un colín solventar la incidencia"

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Un buen ciudadano paga sus impuestos y atiende sus obligaciones. Cuando llega su jubilación, entiende que sus años de cotización sean revertidos por el Estado para cubrir sus necesidades en el último trayecto de su vida. Sin embargo, la inestimable Seguridad Social no está a la altura. Ni por asomo.

Este buen ciudadano trabajó toda su vida por cuenta ajena, hasta que un día se pasó de bando y se convirtió en emprendedor. Montó una empresa y, como autónomo, fue consciente de que nunca se pondría enfermo de lunes a viernes. Hizo bueno el dicho de si no trabajas, no facturas y no cobras. Llegó a los 65 años en bastante buena forma, aunque ya no es capaz de pasar una ITV. Si no son los frenos, son los faros y, a veces, el ordenador central necesita un reset para reiniciar la rampa final con los medios y la fuerza necesarios.

Al alcanzar la edad fatídica se puso en materia para iniciar los trámites de la jubilación. Se decidió por la jubilación activa, esa que te permite compatibilizar el trabajo con el cobro del 50% de la pensión de jubilación y seguir trabajando. Cumplía todos los requisitos. Tenía la edad y había cotizado 50 años. Quería prolongar su vida laboral porque a su mujer le quedan todavía unos años, y a él no le apetecía matar el tiempo ni con petanca, ni con golf, ni con dominó esperando a su jubilación.

Pidió hora en la Seguridad Social. Le costó encontrar la cita más de dos meses, pero la consiguió. Vive en Barcelona, pero se la dieron en Igualada. ¡Ahí es nada! En la oficina igualadina le atendieron bien y fueron puntuales. Le informaron que, por tener varios pagadores y haber cotizado en autónomos y en el régimen general, en un mes le enviarían un informe detallado de cuándo empezaría a cobrar y la cuantía anual de su retribución. Se sintió aliviado.

¿Un mes? Pues va a ser que no. La cita de Igualada fue en septiembre de 2025 y, a fecha de hoy, estamos como Eduardo Mendoza “sin noticias de Gurb”. Ni una palabra de la Seguridad Social. Por si acaso, insistió. Pidió cita, esta vez telefónica. Tuvo suerte, y fue rápida la atención. Una funcionaria muy amable revisó su caso. Le informó que la pensión había sido solicitada, que tenía derecho a la pensión activa, pero —siempre hay un pero— el informe preceptivo no estaba hecho, porque “el departamento estaba colapsado”. Manda carallo, diría un gallego. Si está colapsado es que muchos son ciudadanos pringados esperando una respuesta, y el dicho mal de muchos, consuelo de tontos, es un mal, pero no un consuelo.

Tocaba esperar. La fórmula moderna del "Vuelva usted mañana", el artículo de costumbres escrito por Mariano José de Larra y publicado en 1833, donde narraba las vicisitudes de un extranjero que intentaba realizar negocios en Madrid. Siempre recibía la misma respuesta dilatoria hasta desesperar.

Hoy no hemos mejorado. Somos autóctonos, no extranjeros, pero somos víctimas de la ineficiencia burocrática y, por qué no decirlo, de la pereza española. No hay más remedio. Eso sí, cuando reciba respuesta, el buen ciudadano tendrá 66 años, y no sabe si todavía podrá seguir pasando ITVs. Mientras, podrá seguir pegándose con Hacienda cada año. Ahí no hay retrasos. Desde hace cinco años recibe la agradable visita de una paralela. Alegaciones, cabreos, visitas a correos a recoger las “buenas nuevas”, y horas perdidas en rellenar las justificaciones para salir airoso en la propia Agencia o en el Tribunal Económico Administrativo.

En cinco años, las diferencias con Hacienda fueron unos 2.000 euros, después de recurso tras recurso, y de dejarse una pasta en abogados, sin olvidar que en Hacienda, primero eres culpable y pagas. Luego ya te devuelven el dinero adelantado con unos ridículos intereses. El problema radica en si no tienes ese dinero para adelantar el pago o para cubrir los gastos del abogado. No tengo constancia de si tenían razón los intrépidos inspectores, pero lo que se debía pagar era menos de lo que cuesta iniciar trámites en el TEA. En fin, bendita burocracia.

En Hacienda el tiempo es oro, en la Seguridad Social el tiempo es un tema insustancial. Se toman su tiempo sin importar un colín solventar la incidencia. Solo funcionan como un reloj para reclamar la compensación anual de la cotización. Aquí funcionan con puntualidad británica.

Voy a dejar el artículo. No vaya a ser que reciba, por fin, la notificación de la Seguridad Social con un informe elaborado con mimo por un funcionario/a que ha tenido a bien dar una respuesta. Ya saben, más vale tarde que nunca. De paso, también enviaré una carta a la ministra para informarle que su departamento deja mucho que desear. O mejor, voy a convertir este artículo en una carta abierta. Tampoco me harán mucho caso. Ya saben: están colapsados.